Había una vez una luciérnaga que, día tras día, era perseguida por una serpiente.
La luciérnaga, que estaba demasiado cansada para continuar huyendo, se detuvo para hablar con su perseguidora.
- ¿Puedo hacerte tres preguntas?
- ¿Puedo hacerte tres preguntas?
- Como te voy a comer de todos modos, pregunta lo que quieras. -contestó la serpiente.
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia ? – preguntó la luciérnaga.
- No. – dijo la serpiente.
- ¿Te he hecho algún mal?
- No.
- Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
- Porque no soporto verte brillar.
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