lunes, 13 de octubre de 2014

Con frecuencia condicionamos nuestra felicidad al cumplimiento de ciertos objetivos, elaboramos planes que nos permitan alcanzar esas metas y luego hacemos nuestro mayor esfuerzo por llevarlos a la práctica.
Pero esa manera de programar nuestras vidas no nos asegura que nuestros sueños se hagan realidad… y tampoco garantiza que vayamos a sentirnos bien en el día a día, ni aún en el caso de que finalmente se cumplan nuestros deseos.

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