sábado, 25 de octubre de 2014

Amigos que están siempre.

    “Quién tiene un amigo, tiene un tesoro”. Absolutamete cierto, no creéis?
    Amigos… esas personas que están en nuestra vida desde que somos pequeñitos. Amigos que, incluso y afortunadamente, podemos conservar aún desde aquellos tiempos y que estamos convencidos que son “para toda la vida”. Esos amigos que conocemos pasados unos años de colegio y que se integran en nuestro círculo para quedarse. Los amigos de la adolescencia, los de la etapa universitaria… Y aquellos que aún nos quedan por conocer.
    Todos ellos, sean muchos o sean menos, sean los que sean, nos conocen. Incluso tan a fondo, que seamos capaces de vernos reflejados en sus ojos, y que sepan todo de nosotros sin que hagan falta las palabras. Amigos que están ahí siempre y a cualquier hora. A los que llamas a altas horas de madrugada para conversar, para llorar, desahogarte o para contarles la noticia de última hora. Porque, aunque lleves dos minutos sin verlos, ya les están echando de menos.
   Amigos para las alegrías, y para los momentos menos alegres. Amigos que están siempre, siempre ahí.
   Siempre estáre aquí para vosotros.
Quiero dedicar este post a todos mis amigos porque  me siento orgullosa de ellos, porque les quiero y les necesito. Y porque me siento con el deber de agradecerles tantos momentos.

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