El valor no es algo que resida en nuestra mente, su hogar es nuestro corazón. Todos tenemos el suficiente para poder cambiar nuestra vida y ayudar a crear un mundo diferente, en el que la competitividad y la desconfianza sean desplazadas por la cooperación y el sentir al otro como una parte de nosotros mismos. En esta nueva humanidad el sobrevivir no sería un problema y las personas podrían dedicar gran parte de su creatividad a realizar sus sueños.
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