martes, 26 de agosto de 2014

Dicen que agosto atrapa, que cumple las expectativas siempre, que los treinta y un días que lo componen son pura magia. Dicen que da igual dónde estés, que no importa si viajas lejos o te quedas en tu ciudad, dicen que es tiempo de risa contagiosa, de reencuentros, de despertarte y seguir durmiendo. Dicen que agosto es mes de manteles blancos y manchas de vino tinto, de resolver el mundo cada noche y encontrártelo igual al día siguiente, para volver a ponerle parches cuando se vaya el sol.
Dicen que agosto te permite comer cuando te apetezca, que es el apetito y no el hambre el que marca los tiempos. Dicen que agosto es perderte y encontrarte, es pasear por la orilla sin destino, es dar media vuelta porque sí y no encontrar tus pisadas porque el mar se las ha tragado, bendito lugar para perderse. Dicen que agosto es arena y sal, que suena bien y sabe mejor, que esos días las preocupaciones se cuentan con los dedos de una mano y que es tiempo de pensar en proyectos bonitos, que ilusionen y motiven.

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