miércoles, 19 de noviembre de 2014

Una de las cosas que más me gusta hacer y ver es sonreír. La sonrisa transmite una energía especial ¿verdad? El otro día fui a hacer la compra y la chica que me atendió en la caja me llamó mucho la atención porque no paraba de reír. ¡¡Qué buen rollo tenía!! Desprendía una energía especial y cuando ya me iba me dijo: “¡¡que tengas un feliz día!!”, con una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja… y, sinceramente, me contagió su buen rollo como si fuese la gripe, me hizo sonreír a mi también. Me di cuenta del impacto que tiene una sonrisa en nuestras vidas. Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho, alimenta a quien la recibe, sin empobrecer a quien la da.
Y digo yo, ¿por qué a veces nos cuesta tanto darla? Quizás ni siquiera nos percatamos de que podríamos hacerlo y con ella enriquecer a quien la recibe o incluso cambiar su perspectiva. No dura más que un instante, pero su recuerdo a veces es eterno. Hay sonrisas que guardamos y atesoramos a lo largo de toda nuestra vida.
Por eso siempre hablo de regalar sonrisas, porque cuando tú das también recibes. Es el efecto boomerang… Estoy convencida de que si sonreímos a la vida, la vida nos lo devuelve con una sonrisa todavía más amplia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario