Tu magnífica luz, aquella que todos tenemos, la tienes casi apagada. Cansado, agotado tal vez por los vaivenes de tu vida. Que si facturas, que si el trabajo, que si poco tiempo para dedicarte a ti mismo…y tu luz se va apagando poco a poco. Y dejas de brillar. Sí sí, puedes brillar como las “estrellas famosas”. Eres tan valioso y capaz como cada uno de ellos. Porque no eres una estrella, eres un cielo lleno de estrellas. Y puedes brillar tanto como quieras, no necesitas pedir permiso a nadie. Puedes ser una imagen celestial que yo vea cada día, cuando pases junto a mí. Brilla, brilla…¡brilla!
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