Que vivan los que te miran y te convencen, los que te hablan y te hacen pensar, los que te abrazan y te hacen temblar. Que vivan los que responden rápido, los que no necesitan pensar mucho para decir lo que les pasa por la cabeza, porque lo tienen claro. Que vivan las personas sencillas, las que llevan la naturalidad por bandera, las que conquistan con sus buenos modales, las que siempre tienen un “gracias” en la boca, listo para decirle a quien tienen enfrente.
Que vivan los que aprenden a compartir lo que llevan dentro, los que tienen la suficiente humildad como para reconocer que se han equivocado y se proponen no volver a tropezar con la misma piedra. Que vivan los que saben disfrutar de lo pequeño, porque con lo grande alcanzan la felicidad plena, los que atesoran momentos y olvidan rencores. Que vivan los que tienen una meta y no pararán hasta llegar a ella, aunque de vez en cuando frenen el ritmo para tomar aire, que vivan los que saben motivar a quien tienen cerca, los que son especiales sin proponérselo.
Que vivan las cosas, los sitios y, sobre todo, las personas que nos sacan una sonrisa.
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