Cada amanecer es distinto, no hay dos iguales. Cada rayo de luz, cada nube, cada detalle que puede ser visto, sentido, cada brisa y fragancia. Como cada día, como cada instante, nada es igual, en la naturaleza, todo es original, literalmente.
Esta sensación de cambio constante, plasmado en los amaneceres que nos regala la vida, no deja de sorprenderme. Madrugar y ver salir el sol, me ayuda a recordar que cada momento es único y singular, y que la vida es una sucesión de amaneceres y ocasos.
Una invitación: detenernos aquí, ahora, en el instante presente a captar el amanecer de lo que sea: un saludo, un latido, la luz que entra por la ventana, el aire que nos alimenta en este momento, lo que sea que viene a decirnos hola.
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