lunes, 1 de septiembre de 2014

A todas aquellas personas auténticas…
Las personas auténticas existen, aunque hay que buscarlas cuando no rebuscarlas porque aunque existen no abundan. Además de no abundar, acostumbramos a buscarlas en lugares que no frecuentan y en formas que no se manifiestan. Buscamos en lugares privilegiados y en formas que se acercan a ideales de perfección. Y lo habitual es que la autenticidad no resida en lo privilegiado ni en lo perfecto, porque lo auténtico se expresa desde lo sencillo a lo sincero.
Las personas auténticas brillan pero también tienen sus sombras. Creen lo que dicen aunque no siempre digan lo que creen. Saben guardar las formas y se permiten perderlas. Se mueven en dirección a la excelencia y por eso pueden equivocarse más de lo común en el camino. Ayudan desde la compañía y no desde la guía. Son personas objeto de crítica pero no integran la crítica ajena en su lenguaje. Pueden no hacer nada extraordinario, sin embargo lo hacen todo de forma extraordinaria. No pretenden ser ejemplares aunque sí predican con el ejemplo. Acostumbran a tener referentes pero no imitan a ciegas sus referencias. Son capaces de ceder, así como mantenerse firmes

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