sábado, 12 de julio de 2014

 La brisa del mar roza mi piel como una caricia suave y tierna.
Los rayos del sol le dan calor a mi cuerpo, mientras escucho como se quiebran las olas del mar al golpear las rocas.
Voy caminando y por momentos se vuelve fría y congela todo mi ser, pero sigo por la orilla del mar porque el estar aquí me llena de paz y tranquilidad.
El viento sopla fuerte y golpea mi rostro, mueve mi cabello.
Pero en este momento lo único que de verdad importa es que estoy disfrutando de un hermoso atardecer.

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