miércoles, 25 de junio de 2014
No paraba de mirar el reloj, parecía que las horas se habían convertido en tortugas, despacio, despacio. Era cómo si ese reloj dejara de ser un objeto vintage para convertirse en antigüedad.
Pero su mente era una liebre, saltaba y saltaba uniendo los recuerdos de momentos vividos hasta formar un gran lazo que le permitiera unir la distancia, al otro lado del atlántico.
Sin embargo lo único real era los minutos vividos, aquellos que sustentaban el presente y que conformaban sus deseos de amar, eso era todo, así de simple, así de sencillo, amar y ser amada, nada más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario