martes, 24 de junio de 2014

A veces sabéis, me gustaría volver a ser una niña. Sí es que alguna vez, en lo más profundo, he dejado de serlo…
Y ver el mundo con los ojos de entonces. Sin barreras. Ni límites… sin fianzas.
Con la paleta de colores intacta y fresca, y el pincel impoluto.
Y volver a tener esa sensación de las primeras veces. Del descubrimiento. De que las cosas ocurren sin ser consciente de ello, sencillamente ocurren; para saborearlas efímeras y dulces como cuando el tiempo nunca importaba, tan sólo el placer de vivirlas.
Ser niña. Sí…
Para abrir todas las puertas sin llamar, sin miedo a lo que está al otro lado. Sintiendo el pomo de la vida en tus manos por instantes que huelen a tardes de verano.
A sonrisas contenidas. A olor a pan tierno recién hecho de la abuela. A abrazos con olor a azahar y canela…eternos. A leche caliente y esperanzas.
Niña.


Para correr descalza las calles sin miedos. Sin perjuicios. Para abrazar a todos sin esperar que nadie te lo pida. Abrazar… sí.

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